Alberto Gil: «Escarbar en la memoria en el mundo rural sigue siendo difícil»

Alberto Gil

Tenemos con nosotros hoy a Alberto Gil autor de la novela Las Jaurías con la que ha conseguido alzarse con el Premio de Novela Negra L’H Confidencial de este año.

¿Qué ha significado ganar la 14ª edición del Premio de Novela Negra L’H Confidencial que convoca el Ayuntamiento de L’Hospitalet de Llobregat con Las Jaurias?

En primer lugar una enorme satisfacción personal. Es un premio prestigioso y nadie es inmune a un reconocimiento a su trabajo. Y también es muy estimulante que el premio sea para una novela que está ambientada en el presente, pero que al mismo tiempo habla del pasado, de la memoria y de algunos episodios que fueron silenciados en su día. Las jaurías es una operación de rescate de varios crímenes fronterizos cometidos en La Raya durante los años 60.

Los premios en una situación como esta, ¿significan más?

5105«Una situación como esta» entiendo que se refiere a la pandemia que sufrimos, así que provoca sentimientos muy ambivalentes. Es como asomarte a un ventanal en medio de la clausura y mirar hacia un futuro que todavía es demasiado impreciso y está fuera de nuestro alcance. El patio cultural, por otra parte, ha sufrido mucho durante estos largos meses de confinamiento.

El protagonista de Las Jaurías también es periodista, ¿hay más paralelismos entre el personaje y su autor?

El personaje de Abel Castro y yo compartimos el mismo barrio madrileño, Malasaña. Frecuentamos los mismos bares y tenemos impresiones parecidas respecto a lo que nos rodea: los sin techo, los graffitis, la gente que da identidad al barrio… También tenemos una visión muy similar respecto a la fragilidad de la memoria y la aparente falta de interés por nuestro pasado. Por otra parte Abel tiene un hijo que se ha tenido que ir a trabajar al extranjero (en mi caso es una hija) y esto lo convierte en un tipo solitario. Ahí empiezan las diferencias porque yo no estoy solo y, aunque soy un poco más mayor que Abel, soy menos pesimista. Él ha dejado de escribir y yo no pienso hacerlo.

¿Qué es lo que le ha atraído de este suceso histórico?

A mucha gente le suena el caso Humberto Delgado, pero creo que no se ha contado con detalle en una obra de ficción. En Portugal le dedicaron una película hace pocos años, que ni siquiera se estrenó en España. Y sin embargo me parece un caso muy relevante y que reúne ingredientes muy fuertes. Un prestigioso general portugués, opuesto al dictador Oliveira Salazar, y su secretaria, Arajaryr Campos, vuelven de su exilio en Argelia y caen en una encerrona diseñada por la PIDE, la temida policía política de Salazar. Ambos son brutalmente asesinados en una finca de Badajoz y sus cuerpos son enterrados de mala manera a bastantes kilómetros, cerca de otro pueblo extremeño y junto a un camino de contrabandistas, llamado Los Malos Pasos. Los cuerpos son descubiertos accidentalmente dos meses más tarde. Y mientras tanto, la prensa española y la portuguesa, ambas muy controladas, van creando falsas noticias sobre el paradero del general y su secretaria. Es decir, estamos ante un crimen político que se fraguó con la complicidad de dos dictaduras, la salazarista y la franquista, y que se cometió en un territorio fuertemente controlado por los cuerpos de la guardia fronteriza, a ambos lados de La Raya, que vigilaban el contrabando y que también dieron lugar a todo tipo de abusos y corruptelas.

¿Qué destacaría de un personaje como el general Humberto Delgado?

El hecho de que fuera un militar opositor a un dictador civil, como Salazar, lo convierte en un caso singular en contraste con el franquismo, donde la oposición era civil y la dictadura, militar. De hecho, parte de la discrepancia de Humberto Delgado con Salazar tenía que ver con las guerras coloniales (Mozambique, Angola, Guinea..), que estaban costando una sangría de muertes entre los jóvenes portugueses. En cierto modo Delgado fue uno de los precursores de la Revolución de los Claveles. En un plano más personal, me intriga que un militar inteligente como él creyera que podría entrar en Portugal y encabezar una rebelión, cuando en realidad estaba cayendo en una trampa de la que le habían advertido todos sus compañeros de exilio. Se diría que actuó un poco a la desesperada, como el capitán Ahab en Moby Dick.

La acción se sitúa en un territorio fronterizo La Raya, ¿qué le ha llamado más la atención de esta región?

Todas las fronteras tienen un «plus» de interés. La Raya en Badajoz, en particular, es una frontera muy permeable, con tramos secos y tramos delimitados por el Guadiana. El contrabando fue una actividad esencial para la economía de los pequeños pueblos que, a un lado y a otro, no podían sobrevivir de otra forma. Y no sólo era un contrabando de bienes, también fue la vía de escape de esos jóvenes portugueses que utilizaban el servicio de «pasadores» (barqueros clandestinos) para huir del alistamiento en los frentes de África. En torno a ese mundo hubo episodios muy violentos que también están presentes en Las jaurías.

Ha utilizado el testimonio de vecinos de la zona para documentarse porque en la novela se entremezclan realidad y ficción. ¿Accedieron con facilidad a ayudar en el proceso?

Hubo casos en los que sí accedieron fácilmente y otros en los que jugaron al «despiste». Algunos vecinos ayudaron a Abel y a Catarina, los dos protagonistas, a desvelar historias que nunca se han publicado. En particular una que no voy a contar para evitar spoilers. Otros sin embargo se acercaron con desconfianza, porque —aunque han pasado más de 50 años— en los pueblos hay historias que siguen ahí, supurando entre los descendientes de quienes las vivieron. Escarbar en la memoria en el mundo rural sigue siendo difícil.

¿Cómo ve el panorama literario y cultural en las circunstancias actuales de pandemia y crisis?

Más complicado de lo habitual, que ya es decir. En referencia a la literatura, las tiradas, las presentaciones de libros, las ventas en las librerías… se han visto muy afectadas por la pandemia. Se puede decir lo mismo del teatro, el cine, la música… Saldremos de ésta, sin duda, pero en este país la cultura siempre ha tenido un papel menor del que le corresponde y ahí la clase política no parece que esté haciendo grandes aportaciones. Es bastante incomprensible y obliga a la gente de la cultura a sobrevivir, más que a vivir de su trabajo. El nombre de esta web, Resistencia Literaria, define muy bien las condiciones de trabajo en todos los ámbitos de la cultura.

¿Qué titular le pondría a la situación que estamos viviendo?

Hay que aprender a moverse entre dos polos: incertidumbre y esperanza.

¿Algún nuevo proyecto?

A medio plazo estoy pensando en otra trama ambientada en los 60 y que tiene mucho que ver con la censura en la prensa. Sería un Sostiene Pereira a la española. Va a llevar tiempo y obviamente va a depender de la evolución de los acontecimientos.