Silvia Hidalgo: «La literatura para mí es un ejercicio íntimo»


Yo, mentira (Tránsito, 2021) es una novela en primera persona en la que la protagonista, mujer casada, madre y trabajadora en un ambiente de alta competitividad, se abre al lector para mostrar toda su intimidad en un asfixiante momento de su vida en el que se lanzará a marcar un punto de inflexión. Su autora, Silvia Hidalgo, comparte con nosotros sus reflexiones.

La palabra ‘mentira’ está presente en el título, pero a través de este libro había ganas de decir muchas verdades, ¿es así?

No sé si esa era mi intención, no sé si alguien escribe con una intención tan clara, pero en el resultado hay una disociación entre la persona que el resto del mundo ve y la que la protagonista tiene de sí misma. Abordar esa franja solo se puede hacer desde la honestidad, diciéndose, como mencionas, muchas verdades.

Si con veinte o veinticinco años hubieras leído Yo, mentira —escrito por manos ajenas, claro—, ¿se habrían removido de algún modo, entre otros pensamientos de la vida, tus deseos o aspiraciones de acabar formando una familia, o al menos la visión idílica de una familia convencional?

Pienso que la unidad familiar o la clase social en la que creces definen con mucho más peso que otros factores tus objetivos y aspiraciones. Pero sí creo que otra ficción en modo de literatura, de cine o de series con finales felices alternativos normalizan otros posibles caminos o deseos. Y aunque la opción elegida pudiera ser la misma, se trata de la seguridad que da tener un sentimiento de libre elección, como le ocurre a la protagonista al final de la novela.

Una de las obsesiones de la protagonista y narradora tiene que ver con compararse con los demás: ser mejor o peor madre que su cónyuge, ser mejor o peor que sus compañeros de trabajo, tener una vida más o menos desgraciada que la de su vecina…

Silvia Hidalgo portada libroVivimos en una sociedad altamente competitiva, a nivel profesional, físico, incluso emocional. Tendemos a medir lo bien o mal que nos sentimos respecto a los demás. Ella lo utiliza como un baremo que la ayuda en esta búsqueda de sí misma.

Y otro aspecto muy presente en su mente, y por lo tanto en el libro, es el concepto que gira alrededor de la culpa y del perdón. Hace décadas se achacaban estos tics en la mujer a la educación religiosa más estricta, pero si tienen tanto peso hoy en día, en una sociedad laica, ¿a qué se debe?

No creo que realmente vivamos en una sociedad laica, todas nuestras tradiciones sociales y nuestras convicciones éticas y morales siguen muy alineadas con el catolicismo. El capitalismo heteropatriarcal también usa los mismos instrumentos de la culpa y el perdón, especialmente con las mujeres en el ámbito del cuerpo y de la maternidad. El gran logro de la protagonista es librarse de esa culpa, al menos, en parte.

Hay quien dice que determinados pensamientos se convierten en problemas del primer mundo —y es solo entonces cuando nos angustian— una vez que ya tenemos garantizado y consolidado un bienestar en forma de alimentación, techo, seguridad, asistencia sanitaria y coche propio. ¿Qué opinas al respecto?

Totalmente de acuerdo, por ese motivo todo nos parece un problema menor cuando recibimos noticias como pandemias, guerras, catástrofes, etc., aunque es imposible mantener este pensamiento mucho tiempo cuando no lo sufrimos en primera persona y terminamos volviendo a priorizar nuestras pequeñas miserias.

Tu libro está escrito en presente, en primera persona y con diálogos en estilo indirecto. ¿Esta elección fue algo que tuviste siempre claro, incluso antes de empezar a escribirlo?

Antes no, no planifico ese tipo de cosas. Este libro surge de cierta emoción, y el estilo fluyó solo de manera natural, como un hilo de pensamiento un tanto desfragmentado.

Yo, mentira fue destacado por Alberto Olmos como uno de los dos mejores libros españoles de 2021 no premiados. Habida cuenta de que se trata de alguien cuya opinión es cada vez más considerada, influyente y retuiteada, ¿qué significó para ti este reconocimiento que no viene acompañado de un galardón físico ni económico, pero sí intangible?

Alberto tiene un altavoz y me siento muy agradecida por su generosidad y de que lo utilizara para recomendar mi libro. Hizo una lectura preciosa e inteligente y cada opinión y cariño que me llega es, sin duda, un reconocimiento que me hace muy feliz y que toda creativa insegura necesita. Cuando viene de profesionales que no me conocen ni saben quién soy, como en este caso, recibo una inyección de ánimo para seguir escribiendo. Aunque un premio o una ayuda económica no estaría de más para poder hacerlo a tiempo completo. Yo, que vengo del mundo empresarial, me sorprendo de lo poco profesionalizada que sigue la escritura, ni siquiera existe una industria real en nuestro país a pesar del enorme talento que existe.

Además de la literatura, otra de tus grandes pasiones es el cine. De hecho, eres directora y guionista del cortometraje Nido (2019). ¿Es posible que en los próximos años dediques más tiempo y energías a esta actividad con vistas a nuevos proyectos, o la literatura tendrá prevalencia para ti como autora?

Me gusta crear historias, o más bien me gusta crear personajes a los que les ocurren cosas y contarlas. Además, me divierte jugar con las distintas formas narrativas: la literatura para mí es un ejercicio íntimo, como mucho un pacto con un lector, casi siempre escribo para una sola persona; en cambio, el guion es una actividad colectiva, lo escribes pensando también en todo el equipo técnico. Nadie me paga por escribir, así que intento hacer lo que me surge y me divierte en ese momento, ahora mismo estoy terminando un guion con un amigo director. Pero pronto empezaré la novela que me da miedo escribir, porque a estas alturas una ya sabe que todo no es divertirse.